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PROHIBIDO EXCAVAR

Cuando el poder le da la espalda a la historia

Por Manuel Madrid Tataje, abogado.

29/09/2025

Imagen extraída de Perú 21.

Las excavaciones arqueológicas en el Centro Histórico de Lima avanzan con obstáculos. Bajo el pretexto de “seguridad presidencial”, el Ejecutivo limita un proyecto clave para redescubrir la memoria de la capital.

Lo que brota desde abajo

A pocos metros de Palacio de Gobierno, arqueólogos han hallado puentes coloniales, tramos de muralla virreinal, restos del Arco de Lima y el molino de Gerónimo de Aliaga, del siglo XVI, con sus canales intactos. Son estructuras que permanecieron ocultas por siglos y que hoy emergen para contarnos otra Lima.

El proyecto, liderado por Prolima con permisos del Ministerio de Cultura, busca reconstruir el Arco con técnicas originales y articular los hallazgos mediante túneles patrimoniales, como parte del plan “Lima al 2035”.

Obstáculos bajo pretexto de seguridad

Aunque cuenta con autorizaciones, el proyecto enfrenta negativas desde Palacio: no se permite excavar en la zona donde estaría la segunda base del Arco ni realizar estudios de suelos.

Prolima ha planteado alternativas —trabajos en horarios restringidos, cámaras, reducción de carriles—, pero ninguna fue acogida. Incluso la carta enviada por el alcalde de Lima el 9 de mayo no obtuvo respuesta. La zona permanece cerrada, sin señalización y con riesgos para vecinos y turistas.

El valor de lo hallado

A cinco metros de profundidad aparece la primera Lima: hidráulica, defensiva y ceremonial. El Arco no es un simple detalle urbano, sino un símbolo de identidad. Recuperarlo no es un capricho, sino un acto de memoria.

Conectar Palacio con San Francisco mediante túneles arqueológicos no amenaza la seguridad presidencial. Al contrario, enriquecería el relato de la ciudad y permitiría reconciliar sus distintas capas históricas.

Una historia que pide ser reconocida

El Centro Histórico no es un decorado. Es un espacio vivo donde conviven ciudadanos, memoria y poder. En ciudades como Roma, México o Quito, las excavaciones se integran a la vida urbana. En Lima, en cambio, se responde con cierre y parálisis.

El protocolo puede exigir cautela, pero preocupa la ausencia de voluntad para buscar soluciones. En lugar de respaldar un proceso patrimonial sin precedentes, el Ejecutivo lo convierte en fricción silenciosa.

El riesgo de no excavar

Lo que está en juego no es solo una obra arqueológica. Es la oportunidad de resignificar el Centro Histórico como un espacio activo de reconstrucción urbana y simbólica. Cada día de retraso frena un presupuesto de S/ 6,5 millones y nos aleja de nuestro propio pasado.

Escuchar lo que hay debajo

La historia no siempre se impone desde arriba. Se excava, se revela, se comparte. Lo hallado bajo la Alameda Chabuca Granda no interrumpe la ciudad, la enriquece.

Hoy Lima habla desde abajo. La pregunta es si nuestras autoridades están dispuestas a escuchar o, al menos, a no obstaculizar nuestro derecho ciudadano a conocerla.